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*English version coming soon
Y yo con estos pelos…
Por María L. Castejón
-¿Isma? Oye, no sé como te vas a tomar esto… pero Oscar es un hombre lobo.
-¡No jodas! a estas alturas no podemos cambiar el modulo.
-Creo que no voy por ahí.
-Mira, me ha costado mucho tener un vampiro de quinta generación. ¿Sabes la cantidad de campañas que he hecho con mi personaje?
-Que no, que no voy por ahí.
-Paso de cambiar. O aceptáis a mi personaje o no juego y me llevo mis manuales.
-¡Quieres escucharme! A Oscar mientras hacia las practicas de veterinario en la granja escuela le mordió no sé que y se ha montado la de dios.
-¡Jo tío! No sabía que había hombres lobo en Cuenca.
-¿Y me lo preguntas a mí? No sé distinguir entre un perro patada y una mofeta.
-¿Qué vamos a hacer?
-No sé, pero el mes pasado salió por el monte, se comió al perro de la vecina y apareció en pelotas con unos hippies vegetarianos.
-¡Jo que chungo!
-Paso por tu casa en una hora.
No tenía claro qué hacer pero la idea de comprar comida hecha y cadenas para atar a la bestia me parecía un gran plan o al menos así sonaba en mi cabeza. Llegué en menos de una hora a casa de Isma y, como siempre, salió a recibirme su hermana Irene. Nunca entendí esa fijación por parte de su padre de poner a sus hijos, nombres que empezaran por I.
-¡Anda!, ¡mira quién ha venido! –dijo mientras me dejaba entrar en casa. Nos llevábamos apenas unos meses pero no sé cuando decidimos tratarnos con la hostilidad de los mejores tiempos de la guerra fría.
-¿Está tu hermano por ahí? –En ese momento llegaba, por el pasillo, el bueno de Isma con la mochila al hombro.
-Lo tengo todo, vámonos. -Concluyó mientras se ponía el abrigo.
-¿No sois un poco mayores para jugar a los guerreros? –Se mofó Irene con ese aire de superioridad tan característico de las seguidoras de Britney Spears.
-Creo que nadie te ha preguntado y si lo has escuchado, te aseguro que oyes voces…
-Isma, retrasado, ¡no te hagas el listo!, lo que pasa es que sois unos frikis.
-Y eso que no has visto a Oscar últimamente… –traté de ser irónico pero no sé por qué me dio la sensación que como la ironía no es la colonia de Paris Hilton, no debe de saber qué es. Pobre… tan mona y tan seta.
Nos marchamos dejando en el aire un ¡gilipollas! De camino al metro, le fui explicando mi magnífico plan. Íbamos a buscar algunas cadenas de esas que se utilizan en sadomasoquismo a ver si podíamos sujetar a Oscar a la pared. En mi cabeza seguía sonando como un buen plan y de hecho a Isma le pareció muy lógico; creo que fue en ese momento empezaron a surgirme ciertas dudas.
Salimos en Gran Vía con dirección a la calle Hortaleza, entonces caí en la cuenta de que íbamos a entrar en una tienda de Sadomaso y pedir un kit de tortura y represión para llevar, pero ¿y eso, cómo se pide? Sin tiempo para echarme atrás llegamos a la tienda “En cueros”.
-Hola, ¿en qué puedo ayudaros? –Nos saludó un maromo de casi dos metros nada más entrar.
-Hola, quería saber si tendría cadenas para encadenar un hombre a la pared… –nada más terminar la frase en voz alta vi que no sonaba nada bien.
-¡Mira!, ¡tiene el culo al aire! –me susurró Isma con cierta impresión.
-Calla, te va a oír. –Le di un codazo para que se callara. Lo que me faltaba era tener al dependiente de mala hostia.
Pero no, fue todo amabilidad y educación, era como estar pidiendo el temario de las oposiciones a juez; aunque, todo sea dicho, nos miraba con cierto recelo porque sí le había oído. Nos llevó a la parte trasera de la tienda donde había una jaula, dentro de la misma había una amplia colección de artículos de cuero, fustas, látigo, etc. Allí nos enseño un set de cadenas.
-Éste es nuestro set de principiantes. Es más o menos discreto y se puede enganchar en el marco de una puerta o en la pared.
-Las cadenas me parecen un poco… no sé… birrias ¿no?
-¡Mira! –gritó Isma haciendo posturitas con un látigo. – ¡Parezco Indiana Jones!
-Si, el mismo que viste y calza.
El dependiente me echó una mirada pensando un “ya le vale la tontería” a lo que le respondí con mi mejor cara de poker. Me enseñó otro modelo pero aún así me temía que en un ataque de furia licantrópica nos mandara las cadenas a tomar por saco y más allá.
-Mira, necesito algo más fuerte. Quiero que dé confianza de que lo que se ate allí no se va a escapar.
-Es que… –No le vi muy motivado a sacarnos nada más cañero y salté a la desesperada- mira tío, te seré sincero. Cuando pega, me encabrono mucho.
El dependiente puso una media sonrisa entre la picardía y el descojono pero me trajo lo que quería.
-Aquí puedes atar hasta un rottweiller y no se escapa. A menos que tu amo quiera que se escape, tú ya me entiendes.
-Me lo llevo.
-¡José! Un tanga comestible… pero ¡fíjate!, dice que la caja no es comestible.
Una vez más tuve que bajar la cabeza para el dependiente no viera mi vergüenza.
-Ten el cambio. Espero que lo disfrutes. En la parte de atrás del ticket te he puesto mi teléfono por si decides tener un amo de verdad, ¡Golosón!
-Gracias.
-¿Por qué te ha llamado Golosón?
No me atreví a mirar a la cara al dependiente, no sé si porque me había tirado los tejos o porque Isma había estado jugando a Forrest Gump dentro de la tienda. Le empujé fuera de la misma y nos marchamos a Moncloa a por el autobús que nos llevaría al chalet de Oscar que tenía en la Berzosa. Se fue allí cuando vio que se acercaba otra noche de luna llena porque sus padres ya no iban apenas y era mejor que dar explicaciones de por qué aúllas toda la noche.
Estábamos en el autobús mientras Isma, con un aire enigmático, me dice:
-He traído algunas cosas necesarias para esta tarde.
-¿A si? ¿Como el qué?
-Me he traigo un par de películas: de pelo en pecho, la una y la dos, yo fui un hombre lobo adolescente y Batman contra el hombre lobo.
-¿Batman contra el hombre lobo? Pero ¡eso esta más allá de la serie B! Entiendo que tu hermana se preocupe.
-También he traído un par de latas de comida para perro…
-¡Qué bien!
Allí estaba yo, sentado en un autobús, adentrándonos en la carretera de la Coruña con un tío de treinta y tantos tacos que me enseñaba como un gran logro tener dos latas de comida de perro junto con unas películas de serie B sobre licántropos. Mi vida empezaba a preocuparme seriamente: ¿Qué iba ser de mí? ¿Toda la vida trabajando de teleoperador y jugando al rol los fines de semana? Y eso sería en el mejor de los casos porque no veo justificable decir que soy niñera nocturna de un hombre lobo. Algo falla…
Cuando llegamos a casa de Oscar, éste nos salió a recibir. Ya había comenzado su proceso de transformación, el pelo le había cubierto gran parte de la cabeza, tenía un hocico no demasiado pronunciado y las orejas empezaban a tener ese toque tan élfico. Lo que más me impresiono fueron las manos, ¡eran autenticas garras!
-Jo tío, ¡qué mal! te pareces al cantante de Supergrass.
-¿Al cantante de Supergrass? Oscar, puedes, y debes, comértelo. No merece vivir.
-Pero si es que es igual…
Oscar mostró su profundo desacuerdo con un gruñido un tanto gutural.
-Oscar, deja el death metal para luego y vamos a ponernos manos a la obra.
Le enseñé las cadenas y el kit para sujetarlas a la pared. Bajamos al sótano que es donde habíamos pensado ponerlas. Era la única manera de que pudiera pasar las noches de luna llena sin sentirse desprotegido. Accedió con desgana y encontramos una pared con un hueco libre entre todas estanterías para ponernos a dar golpes. Oscar había preparado las herramientas de su padre y compró algunas más por si las podíamos necesitar. Isma me descubrió que para las herramientas era aún más, si cabe, inútil.
-Dame el ramplus de ahí. –Le indiqué con una mano mientras con la otra sujetaba un martillo y leía las instrucciones del kit. –Pero ¿esto qué es? Te he pedido un ramplus no unas tenazas.
-Jo tío no se me da bien el bricolaje…
Si había algo que no soportaba de Isma era esa predisposición a no aceptar sus errores ni a currar en exceso.
-Está bien. Te explicaré mejor las herramientas. Necesito eso de ahí para hacer un agujero en la pared y si no me ayudas con estas tenazas te arrancaré las pelotas. ¿Ha quedado claro?
-Eres un borde. ¡Toma el guamplus ese!
-Ramplus, ramplus….
Empecé a soltar una larga retahíla de improperios dirigidos hacia su persona y a bastantes miembros de su familia. De repente, Oscar, que estaba sentado en una esquina, como si tuviera un ataque de mono, empezó a aullar. Se puso a cuatro patas y destrozó la camiseta y los vaqueros. ¡No quería imaginarme lo caro que resultaba ser un lobisome! Era un lobo autentico. Aquello no era como las películas en las que el hombre lobo no es más que un tío con muchas patillas y cara de obcecado. No, Oscar era una bestia y allí estaba yo, un friki barrigón sin mucho fondo y como acompañante de correrías, Isma… No había más que decir. Aquella noche iba a ser muy larga… Sin saber como ni porqué, aquel animal (Oscar, no Isma) salió corriendo piso arriba y “Fatman y Robin” detrás. Cuando llegamos a la entrada oímos el timbre de la puerta.
-¡Por Gaiman!, es el telepi.
-¿Cómo que el telepi? ¿Quién le ha llamado?
-Yo. ¿Es que esperabas que te hiciera la cena?
-Ains ¿qué habré hecho yo para merecer esto? Lo sé, lo sé…
No sabía como sujetar a Oscar y conseguir la comida. Era como en las viejas partidas de dungeons&dragons: patada a la puerta, mato monstruo y cojo tesoro pero aquí no podía matar al monstruo ni había tal tesoro… aunque también tenía hambre. Me lié la manta a la cabeza y mientras sujetaba a Oscar por el cuello, Isma recogería la pizza y pagaría.
-¡Hey! ¿Ese perro es vuestro?
-Sí.
-Pues es horrible.
Oscar no llevó bien lo de recibir comentarios groseros de su nueva imagen y cuando menos me lo esperaba, tiró de mí, se liberó de mis manos, arremetió contra el pizzero y le mordió las canillas y lo que no eran las canillas, también. Isma y yo tirábamos de Oscar mientras el pizzero nos hablaba de que nos iba a denunciar, de que no debió dejar de estudiar, que se merecía algo mejor y no sé que más. Oscar cedió un poco y fue suficiente para que el pizzero corriera raudo y veloz por la puerta.
Estaba con el corazón en la boca, me dolía todo el cuerpo y para colmo de males me había llenado la boca de los pelos de Oscar. Isma me miró y con un ¡a comer que se enfría! Nos fuimos los tres a la cocina. Pusimos un plato en el suelo a Oscar con dos porciones de pizza barbacoa y dos pepperoni. Nos supieron a gloria y empezamos a charlar animadamente de nuestras cosas.
-No tío, que no. Que Wonder Woman está más buena que Super Girl.
-Eso lo dices porque no te gustan las rubias.
-¡Wonder woman tiene más tetas!
-Isma, tío, a mi con más de dos como que me dan un poco de repelús.
Se nos estaba haciendo tarde y le comenté a Isma de terminar con el kit sadomaso para torpes. Con cara de compungido, Isma me siguió al sótano de nuevo para seguir con el bricolaje. Oscar se entretenía mordiendo la caja del kit.
-Mírale… ¡qué mono!, ¿no?
-¿Quieres que te muerda el culo como al pizzero?
Oscar levantó las orejas y le miró fijamente. Isma se estremeció pero el miedo no le impidió seguir pasándome las herramientas al azar cuando pedía una. No sé como se las apañó pero no acertó ni una. En fin, aquello que pensé que iba a ser tan terrible, empezaba a parecerse a una historia de los Cinco (con perro y todo). Según las instrucciones teníamos ante nosotros toda una oda al regocijo de amos y sumisos pero la realidad distaba mucho del diagrama de la caja. Aquello no tenía mucha forma de kit para goce y disfrute, a menos que atáramos allí a un pulpo o a un contorsionista, pero al menos conseguimos poner una argolla y una cadena para que Oscar no echara a correr. Me acerqué, me senté en frente a él y de la manera más suave que pude le expliqué que tenía la insensata intención de ponerle un collar. Lo miró con recelo pero como andaba comiéndose un plástico salido de no sé donde, me dejó. El primer paso había salido con un éxito arrollador pero cuando le atamos a la pared, empezó el baile. No le gustaba no poder moverse y aullaba, lloraba y se movía. Tiraba de la cadena pero gracias a Gaiman, no se rompió. Al fin y al cabo los capones de mi padre me enseñaron a poner las cosas bien fijas a la pared.
-Oscar, es por tu bien… te voy a cantar una canción para que te calmes.
Entonces ante mis ojos como a cámara lenta, vi como Isma se puso delante de Oscar y muy serio empezó a cantarle lo de los cinco lobitos que tiene la loba. El tiempo se paró ante mí, no supe si reír o mandarle a Parla.
-¡Joder!, se me ha meado encima.
-Te lo tienes merecido. Mira que cantarle eso… Hasta yo estoy pensando en mearte.
Isma muy mosqueado se marchó arriba a jugar con la play. Oscar se revolvía y aullaba como un poseso y cuando me acercaba trataba de morderme a mí a también.
-Oscar, tío, soy yo, José. Soy friki, tengo el colesterol alto, no hago más ejercicio que acarrear manuales y mover soldados del Warhammer… ¡entiéndelo! Soy malo para tu salud.
De repente, se calló y me miró como si me entendiera. Como se me hizo raro quedarme allí con Oscar, después de ponerle un cuenco con agua y unos periódicos para secar la ofensa a Isma, subí a jugar un rato. Estaba muerto de cansancio. Esto de crear ambientación sadomaso agota y mucho. Pusimos el House of the dead 2 y con un par de escopetas nos pusimos a matar zombis mientras Oscar, desde su averno particular, nos aullaba de todo menos bonitos.
Sonó de nuevo el timbre y salí a abrir. Era la policía. En ese momento se me puso un nudo en el estomago.
-Hola, ¿son los dueños de la casa?
-No, somos unos amigos de hijo de los dueños pero ahora no está en este momento. Si quiere puede llamar a los padres para confirmarlo.
-No hace falta. Sólo veníamos a traerle una denuncia puesta por Tomas Rosado.
-Y ¿ese quién es? –Preguntó Isma mientras se acercaba a la puerta.
-Un empleado del establecimiento de comida rápida “Pizza veloz”. Les ha puesto una denuncia por su perro.
Nos los dijo mientras nos entregaba la denuncia. Teníamos que ir el lunes a primera hora a los juzgados de Galapagar. Mientras leía atentamente lo que ponía Oscar empezó su serenata de aullidos.
-¿Qué demonios es eso?
-¿El que? –Dije poniendo mi mejor cara de imbecil- ¿los aullidos?
-¡Claro, que va ser! ¡Es espeluznante!
-Nada, es la play estamos jugando al House of dead con un modulo de hombres lobo.
El agente de policía me miró de arriba a abajo, deteniéndose en mi camiseta de Yoda vestido a lo Elvis, y debió pensar que mi contestación era muy verosímil porque se marchó diciéndole a su compañero algo así como frikis de mierda… Pero se fueron. Y eso era lo que quería. Gracias a Gaiman, no hubo más visitas. Isma y yo tras cuatro horas matando zombis nos dormimos en el sofá. Y Oscar también.
A la mañana siguiente bajé a soltar a Oscar. Tapándose las vergüenzas con un periódico, subió a la ducha. Mientras tanto hice el desayuno para los tres.
-Isma, ¡levántate marmota! ¿Quieres café?
-Hummm no, cola cao.
-¿Cola cao? –pensando para mis adentros, pero ¡si vas para los cuarenta que te matas!- Creo que no hay. Espera que mire.
Isma, como los zombis del juego, llegó a la cocina emitiendo sonidos de ultratumba, Oscar vestido de persona bajó por las escaleras a mesa puesta.
-Bueno, Oscar, tío, ¡prueba superada!
Con unas risas empezó el desayuno. Pusimos al día al bueno de Osqui que estaba flipando por sus hazañas contra el pizzero. Eso de ser un hombre lobo no era tan complicado. Lo complicado venía ahora que Isma tenía la intención de ir a Cuenca para hacerse vampiro de verdad.
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[...] Relato finalista en el Premio Avalón de Relato Fantástico 2007 [...]